A la redacción de 02473noticias llegó una canción dedicada al colonense, quien falleció el 10 de julio de 2019 a los 56 años.
Historia y Cultura de Colón
Sin lugar a dudas la vieja verdulería céntrica San Cayetano fue un patrimonio comercial de la historia de Colón. Su propietario, Hugo Gerónimo Gallardo, dejó un recuerdo imborrable en la historia local, no solo como comerciante sino también por su humanidad y anécdotas de buenas acciones que aún corren de boca en boca. Estos gestos y actos, dignos de tener en cuenta, hoy se han convertido en canción.
«El loco de las manzanas» lleva como título la melodía compuesta entre ritmos de guitarra y piano, cuya letra escribiese el célebre poeta Lucio Albirosa, quien ganó la amistad con Hugo durante su adolescencia, en instancias de una breve estadía en esta ciudad.
La canción redime a las particularidades de buenas acciones que Gallardo supo tener para con los demás a lo largo de su vida, tales como; preocuparse por las personas más necesitadas, la aflicción por los niños en situación de abandono familiar y diferentes preocupaciones por el sufrimiento ajeno, entre otras cosas. También la filosofía de vida desplegada por Hugo hacia sus clientes y la ciudadanía en general de su tiempo, no pasa desapercibida en la expresión poética que enarbola verso a verso las estrofas de la canción citada. Dicen que la locura, a veces, es la cordura más exacta que el mundo necesita para ser feliz.
Mezclada en estudios de grabación de Mendoza y Entre Ríos, a juego dual de voces y hasta con incidencia de la inteligencia artificial, Rubén Zabala se encargó del trabajo musical que hoy carga a viva luz «El loco de las manzanas».
«EL LOCO DE LAS MANZANAS» (a los pájaros y memoria de Hugo Gerónimo Gallardo)
Confieso la dicha, tuve un amigo entero
entre tantas esquinas rotas sin cordura
viniendo a contramano de mi gran rodar,
un habitante extraño para este paraíso
algo vil, indeciso, sin magia ni ternura,
un loco ante ojos adversos de realidad.
Pronunciaba el abc de sobrevivientes,
un idioma de barro pobre y sin palabras
salía mudo por su boca sedienta de paz;
era un alma clara de sangre apresurada,
un bicho raro bajo aquel cielo imperfecto
situado en el alto azul de la inmoralidad.
Él inventó una fiesta entre los dolores,
fue canción sobre sitios de la urgencia,
sin saberlo; ángel, hombre y pecador.
Lo conocí simple greda, rey sin coronas,
carcajada sin vergüenzas ni horarios;
verdulero extradiario por oficio y vocación
A veces trasnochado, soñando despierto,
perseguía velozmente un todo imposible,
amanecía de vientos y encendía su motor,
corría velozmente para vencer al tiempo
sobre una ruta de risas y fábulas reales:
la alegría era su meta de brillo esplendor.
De largas dudas y sabias manos solidarias
extendidas hacia el prójimo sin condición,
construyó imperios entre huestes de labor,
brindó siempre frutas de amor y comida,
como también caliente abrigo y amparo
al niño lagrimal creciente en calles sin sol.
Fue un faro tan humano bajo mustio brillo,
ejemplo de lo imperfecto, un tipo sencillo,
rayo de aurora sobre el alba roja de Colón.
Me enseñó que la felicidad no se compra
en ninguna feria aunque esté de oferta y
que la lealtad no se vende al mejor postor.
Escucha, vida, el grito del loco…
«Verdura de primera, señora!!!
La mejor verdura está acá…
Papa nueva para el puré,
zapallo del año para el guiso,
choclo fresco para el puchero
que llena la mesa numerosa
y el digno plato de los obreros;
tomate y lechuga para la ensalada,
zanahoria y batata no han de faltar,
cebolla para lagrimear sin consuelo,
un ajito picante para el desvelo
y un ramillete de albahaca
a pedido exigente del buen paladar.
Pase, vea. También hay manzanas,
manzanas muy grandes y dulces,
manzanas deliciosas y mucho más…»
Fue entrega sin pausa ante peso balanza
de cajones donde la ausencia amontona
la fría vergüenza sin máscara del corazón.
Geronimo del siglo ido, así me vienes hoy,
con la sinceridad hecha polvo resucitando,
simpleza humilde la tuya, riqueza de Dios.
Había duendes, frescura y mil estrellas
en su respirar alocado, diamante imaginario,
un ritual solidario fue su calle; una oración.
A veces cantaba como llamando la alegría
y en verde esplendor de su lúcida vidriera;
esperanza y quimeras soñaban un día mejor.
Se durmió abrazando un perfume de lunas,
entregando al prójimo fortunas de bondad
burlando el beso de muertes sin moradas.
Fue semilla y entró al corazón de la tierra,
hoy el recuerdo su gran nombre encierra;
por siempre Huguito! El loco de las manzanas.

